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Cadena 3

A 40 años de la guerra

Murió en Malvinas y sus padres conservan su cuarto intacto

Hace 40 años, Marcelo Daniel Massad dejó su cuarto en Banfield y nunca volvió. Ahora, sus padres lo mantienen para cuidar su memoria. "Es nuestro templo", afirman.

31/03/2022 | 11:06

Dalal y Said “Coco” Massad perdieron a su hijo Marcelo Daniel en la guerra de Malvinas y, desde hace más de 40 años, no tocaron la pequeña pieza que le pertenecía y que quedó como una cápsula del tiempo de la década del '80. 

“Ahora lo tomamos como un templo. Tal es así que yo, algunos días entro, le rezo una oración mirando el retrato de él, le pido alguna cosita que necesito”, contó "Coco", su papá, a TN

Al lado de la cama de su hijo, hay una foto en donde se lo ve sostener un fusil y sonriéndole a la cámara. Se la sacó Coco el día que fueron a visitarlo mientras hacía el servicio militar en el regimiento 7 de La Plata.

En la cama hay un acolchado, algo desteñido por el sol. Un póster del mundial de Alemania de 1974 cuelga de las paredes. Otro de una pelota de fútbol entrando a un arco, banderines de Banfield -el equipo de la familia- viejas raquetas de tenis de madera y una cruz.

Al costado, una pequeña biblioteca guarda los libros de Dani (como le decía su mamá) o Marcelo (como le decía su papá). Se observan también un pequeño Mustang rojo de juguete que le regalaron para un cumpleaños, tubos con pelotas de tenis, una foto de un viaje de egresados de 7° grado a Córdoba, otra con sus compañeros de último año.

Justo debajo de la ventana hay un pequeño escritorio con una tele amarilla y negra, un regalo de sus padres poco antes de que Dani saliera para Malvinas.

“Mantener la habitación intacta no es engañarme, siento que él está con nosotros. Entro y salgo de acá del cuarto y no le puedo hacer cambios porque siento que él está. No que él va a volver, pero que está. Lo recuerdo, lo extraño, veo sus cosas lindas, rezo por él”, cuenta Dalal.

Su madre abre el placard, y saca algunas prendas que eran de su hijo: unos guantes de arquero que usaba para atajar en la cuarta división del club, un gorro celeste y blanco con el que alentó a la Selección en 1978, una remera Adidas.

“Era pilchero, le gustaba la buena ropa, era coqueto”, reconoce con una sonrisa su papá, quien casualmente, lleva puesto un cinturón marrón de cuero que era de su hijo.

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Sin embargo, su mamá aclara: “Queda poca ropa de Dani. Cuando murió, todos sus amigos vinieron y querían llevarse algo. Él era muy amiguero, los chicos siempre venían a casa, se tiraban en la alfombra y pasaban la tarde acá. Dani siempre trataba de unir, unía a los grupos”.

Los años pasaron y la habitación se fue convirtiendo en un santuario: sus padres y sus hermanas, Yamilé y Karina, fueron dejaron recortes de diario que hablan sobre Dani, fotos y homenajes en revistas y libros, camisetas de Banfield con el nombre de él que el club les entregó, rosarios.

Su historia quedó retratada en el libro “Darwin, una historia de Malvinas” (ed. Galerna) de Agustina López.

“Papá Coquito, si no llego a escribir otra carta quiero desearte feliz cumpleaños. Quiero volver y abrazarlos a todos y no soltarlos más. Estando aquí estoy aprendiendo lo que es una familia. Recién ahora me doy cuenta estando a tantos kilómetros. No les voy a mentir, nada más me puse a leer sus cartas empecé a llorar como un tonto. Me despido porque no tengo más espacio para escribir. Saludos a todos”, reza una de las cartas que escribió Daniel en la habitación. 

El 11 de junio de 1982 Coco había ido con su hija Yamilé a retirar un Renault 18, modelo 0 kilómetro color marrón. Era un regalo sorpresa para darle a Dani a su regreso.

Esa misma noche, Daniel murió en Monte Longdon, en uno de los combates más sangrientos de la guerra, mientras trataba de advertirle a sus compañeros que debían replegarse. 

Su historia quedó retratada en el libro “Darwin, una historia de Malvinas” (ed. Galerna) de Agustina López. 

Dalal estaba en la Catedral de Buenos Aires con dos amigas esperando la llegada del Papa Juan Pablo II, que venía de visita al país. Esa noche se acostó tranquila, porque tenían el regalo de Daniel. 

Días mas tarde recibieron la noticia de la muerte de su hijo, cuando un compañero de combate de Dani les trajo un rosario con sangre que levaba colgado del cuello al momento de morir. 

La familia aún lo conserva en una cajita, como un tesoro. Al auto lo vendieron, porque no soportaban tenerlo en la cochera.

Hoy, a 40 años del conflicto, aseguran que transitaron el duelo en paz y con mucho amor. 

“Todos los años, todos los días, todas las horas son importantes para nosotros. Pero cuando se cumple un aniversario uno lo recuerda con más intensidad, con más fervor, con más amor”, dice Coco. 

“Si juntamos todos los recuerdos del pasado, cuatro décadas, y los unimos sacamos una conclusión. Y mi conclusión es que vivimos con amor, dando amor y tratando de sembrar lo mismo que hizo él por la patria”, cerró. 

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